Escapar

Hubo una semana en la que llené todos los espacios vacios posibles que tuve…Quizas fue una semana o un mes o varios meses pero ya no lo recuerdo…

Salí, compré cosas, tomé café, ayudé a alguien, manejé sin rumbo, hablé de la vida, hice mandados que tenía pendientes y encontré nuevos mandados que, curiosamente, se volvieron urgentes apenas aparecieron frente a mí.

Durante varios días pensé que simplemente estaba siendo sociable. Que me estaba distrayendo. Que después de una semana difícil era normal querer hacer cosas, ver gente, aprovechar el tiempo.

Todo eso era cierto, pero no era toda la verdad. En algún momento en todo ese tiempo, entendí que no estaba buscando tantos lugares a los cuales ir.

Estaba buscando razones para no llegar.

Y lo curioso es que escapar no siempre se parece realmente a lo que pensamos con escapar. A veces no hay una maleta, una puerta cerrándose ni una decisión dramática. No nos esta persiguiendo un oso o Freddy…

A veces escapar es acordarse de una compra pendiente. Es casi magicamente descubrir que uno necesita algo justo ahora. Es agregar una parada más en tu ruta. Una conversación más con ese amigo. Una calle más antes de llegar…

Una tarea perfectamente razonable que podría hacerse mañana o quizas otro dia, pero que de pronto parece indispensable terminar hoy.

Y como todas esas cosas son útiles, cuesta mucho reconocerlas como una forma de evitar algo. Porque uno no está perdiendo el tiempo.

Al contrario, podrias argumentar que estás siendo productivo. Estás resolviendo. Estás haciendo cosas. Hasta que finalmente ya no queda nada suficientemente importante para seguir aplazando el momento de volver…

Entonces vuelves y te espera el silencio.Y últimamente el silencio había empezado a sentirse demasiado lleno. Como si algo mas estuviera contigo en la habitacion y el aire fuera mas pesado.

Lo curioso es que esa semana, mes o el tiempo que fuera, por lo general me lo pasé bien. Me reí. Vi gente que quiero. Compré cosas que realmente necesitaba y otras cuya necesidad seguramente la descubri con una cierta creatividad (A falta de otras palabras) cinco minutos antes de pagarlas y tambien escuché incontables historias que no tenían nada que ver conmigo…ni neceistaban ser oidas por mi.

Por eso tampoco quiero convertirlo en una tragedia.

A veces distraerse también es cuidarse.

A veces una tarde llena realmente es una tarde bien vivida.

Pero creo que existe una diferencia pequeña entre hacer cosas porque queremos hacerlas y seguir agregando cosas porque no sabemos qué hacer cuando finalmente se terminan.

Quizás no siempre escapamos de un lugar. A veces escapamos del momento en que ya no queda nada más que hacer. Y quizás descansar empiece justamente ahí: cuando dejamos de inventar una última parada y aceptamos que, por hoy, ya podemos llegar… y quizas ser…

Pero por eso me queda la pregunta ¿Cuando aprenderé a llegar?